La historia no es nueva: grupo mítico vuelve a la actualidad y, tras girar un tiempo, se encuentra con la necesidad de interpretar nuevas canciones para su público. Si bien lo de Devo no es un comeback al uso -su actividad ha sido intermitente, pero nunca ha cesado-, sí lo es su vuelta al larga duración.
Y así, 20 años después de su último trabajo, nos encontramos con ‘Something for Everybody’: una colección de canciones que parecía apuntar en excelente dirección y al final se queda en pólvora mojada. Aunque, eso sí, salpicada de cuatro buenos temas que encajarán a la perfección en cualquiera de sus conciertos.
Y es que el principal problema de ‘Something for Everybody’ es su rumbo errático. Arranca de forma fascinante con ‘Fresh‘ y ‘What We Do‘, las dos mejores canciones del álbum y que casi justifican por sí solas el resto del tracklist. Curiosamente, la primera suena a los Devo de siempre y la segunda muestra una nueva faceta, mientras que sus respectivas letras dicen lo contrario: algo “tan fresco” frente a “lo que hacemos que es siempre lo mismo y no es nada nuevo”. El discurso de los de Ohio mantiene su ironía intacta.
Pero enfrentarse a los otros diez cortes restantes es ya otra cosa. Si ‘Don’t Shot (I’m A Man)’ y ‘Mind Games’ sí que pasan el corte con holgura -e incluso el remedo de viejos temas que parece ser ‘Sumthin’‘-, no se puede decir lo mismo de engendros como ‘Human Rocket’ o ‘Step Up’ y su desafortunado (ab)uso del auto-tune. De la recta final del disco, por el contrario, apenas se logra recordar algo.
Devo han repetido casi a pies juntillas los errores de The B-52s con ‘Funplex’ (2008): en lugar de firmar un intachable EP de cinco canciones -las que acaban tocando en directo junto a viejos clásicos, no nos engañemos-, se empeñan en apostar por un álbum al uso con exceso de nuevas composiciones. Dada su indudable trayectoria y el gigantesco cambio experimentado por la industria musical, no era necesario.

