The Horrors (Barcelona, Razzmatazz 3)

La visita de The Horrors a España ha sido uno de los acontecimientos que más ríos de tinta –digital, claro está- han hecho correr durante los últimos días. ¿El motivo? Su vergonzosa y vergonzante actitud en la sala Moby Dick de Madrid un día después de tocar en Barcelona, en la que arremetieron contra la decoración y, en particular, contra la bola de discoteca que llevaba colgando del techo prácticamente desde sus inicios, provocando disturbios que acabaron con varios de los asistentes teniendo que ser atendidos por el SAMUR y el concierto suspendido a la media hora de comenzar, por decisión de los responsables de la sala ante el carácter que tomaba la velada.

Como siempre, posturas defendiéndolo –como si esa fuese la esencia del rock, la peligrosidad- y criticándolo –si tienes que montar el “pollo”, está claro que tu música no basta para llamar la atención-. Visto lo visto en su concierto de Razzmatazz 3, la cosa se acerca más a la segunda vertiente, por desgracia.

The Horrors saltaron al escenario con bastante energía y atacando a primeras de cambio con una contundente versión del ‘No Love Lost’ de Joy Division (parece que se ha puesto de moda versionear el tema, cuando apenas dos meses antes LCD Soundsystem hicieron lo propio también en la Ciudad Condal). Farris Badwan, frontman de la banda, llevaba una manta negra encima de la cabeza y una radio antigua en las manos con la que empezó a emitir sonidos extraños, en una actitud un tanto forzada para querer parecer excéntrico. Con su pastiche sonoro que poco o nada tiene que aportar a lo que ya hiciesen maestros de la talla de The Cramps o Ramones –qué lejos les quedan-, desde la primera canción Badwan estuvo en permanente contacto con el público, cogiéndoles de las manos, dejándose tocar el pelo y bajando una vez sí y otra también del escenario para lanzar alaridos a la cara del respetable.

Con buena entrada, entre el público predominaba mayoritariamente la estética gótico-punk –en su vertiente fashion, eso sí-, con muchas fans jovencísimas y chillidos al más puro estilo superfan, con lo que la entrega y el movimiento fueron una constante entre las primeras filas. Del sonido poco cabe destacar, con acoples constantes al principio y mucho, mucho barullo, predominando la monotonía entre su todavía limitado repertorio (ceñido a su recién editado debut ‘Strange House’, 2007).

A su favor, cabe destacar su apuesta por la teatralidad y su puesta en escena en directo, que al menos evita que su propuesta caiga en el aburrimiento, al menos por el momento. Igualmente, no se les puede negar potencia y contacto con el público desde el primer hasta el último acorde. Cada uno debe juzgar si es suficiente para sí mismo…

Puntuación: 4,5

Anna Fàbrega



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