Como cada año por estas fechas, pero por primera vez sin coincidir con la colapsante Noche En Blanco, se celebró en las calles del centro de Madrid el festival gratuito PuraVida, que en esta edición 2008 ha dado un salto exponencial al trasladar su escenario principal a la mucho más apropiada Plaza Vázquez de Mella en lugar de la intransitable Calle Fuencarral (en la que esta vez se ubicó un escenario más afín a la electrónica) y sumarle otro repleto de propuestas emergentes como el Xbox-Vice, en la Plaza de la Luna.
En este último, pudimos ver a los locales Bultacos y el debut en España de Lovvers (que volverán a finales de este año a Madrid y Barcelona para actuar en el Primavera Club 2008). Los primeros reivindicaron con firmeza un puesto en el pujante panorama alternativo estatal, derrochando actitud y sonando como una banda rodadísima y potente -no en vano, su destacada guitarrista Ikerne formó parte de Safety Pins-. Arrojando por los amplificadores un punk avasallador y urgente, boicotearon a su manera al patrocinador principal del escenario (Xbox) al presentar sus temas con surrealistas dedicatorias a videojuegos clásicos de la competencia. Ojo a su debut, ‘Matches‘, editado a principios de este año.
Lovvers, por su parte, demostraron en apenas media hora por qué en unos meses (¿semanas?) serán uno de los grupos de la nueva hornada más demandados, quedando emparentada su propuesta en directo con otras ganadoras como las de Jay Reatard o Black Lips, a las que saben sumarle un plus de peligrosidad y crudeza adicional -y ya es decir-.
Pero si hay que destacar a unos triunfadores del festival -al menos atendiendo a su propuesta musical, más que al recibimiento- estos fueron los franceses Poni Hoax. Los que pudimos disfrutar de su anterior visita a nuestro país en ell FIB 2006 -desterrados a la carpa pequeña y coincidiendo en horario con Franz Ferdinand en el Verde-, llevábamos esperándolos desde entonces, y no sólo mantienen intacta su capacidad de sorpresa, sino que han sabido crecer como grupo. Con la mezcla exacta de bohemia, actitud chulesca e intensidad, mucha intensidad, su rock de tintes electrónicos -quien los siga considerando como banda de electrónica al uso tiene delito, a menos que sólo haya escuchado su hit ‘Budapest‘-, funcionó a la perfección, pese a requerir de un espacio más proactivo y, posiblemente, cubierto por un techo. Escogieron lo mejor de su nuevo LP ‘Images Of Sigrid’ (2008) y rescataron todos los temazos de su debut ‘Poni Hoax’ (2006), empezando por la triada inicial encabezada por la propia ‘Budapest‘, ‘She´s On The Radio’ y una acertadamente alargada ‘You´re Gonna Miss My Love‘ que haría salivar al 50% de Nick Cave y al otro 50% de James Murphy. ‘Antibodies‘, ‘L.A. Murder Hotel’ e ‘Involutive Star‘ también brillaron, dejando al público que poco a poco fue metiéndose en el concierto -aunque por desgracia nunca por completo- con ganas de más.
Todo lo contrario, precisamente, que unos planísimos The Disciplines y su rock de garrafa quienes, por mucho Ken Stringfellow (The Posies) que los apuntale, hacen aguas por todas partes. Una propuesta poco original, poco creíble e intrascendente, aunque en línea con lo que muchos buscan en un concierto gratuito en el que tomarse unas cervezas compradas a los chinos, todo sea dicho.
Por último, el papel principal se les reservó a unos Delorean que, una vez más, estuvieron acertadísimos y a los que el público sí que correspondió, validando su papel como cabezas de cartel del festival. Si uno sabe meterse en el concierto -algo más fácil en otras ocasiones, cuando hay menos merodeantes ocasionales de por medio-, resulta imposible resistirse a bailar, máxime cuando encadenan sus canciones como si de una sesión de DJ se tratase. Eso sí, exigimos ya material nuevo que llevarnos a los auriculares.
Como únicas pegas a la edición del PuraVida con mejor balance de cuantas se han celebrado hasta la fecha, los excesivos parones entre concierto y concierto y que, dados los horarios y las distancias entre las ubicaciones escogidas, sea imposible ver aún más cosas del cartel. Y esto último, con todo, es buena señal.
