Cuatro han sido las ediciones del Primavera Club hasta la fecha y todas ellas han tenido un formato distinto. La de 2009, la segunda con desdoble Barcelona-Madrid, es sin duda la que mayor éxito ha cosechado: 7.000 asistentes en Madrid y 8.000 en Barcelona –sumando todos los días, claro está- se sumaron a la yincana por salas que propuso la organización.
Lo que para algunos pudo suponer una dosis de estrés adicional –saber si la sala estaría llena, si se llegaría a tiempo o, por supuesto, qué propuesta escoger- para otros se convirtió en todo un estímulo y en algo, ante todo, original.
En el caso de Madrid, salvo la noche del viernes en el Círculo de Bellas Artes (Neon Indian, Wave Machines, David Holmes) y la del sábado en el Wurlitzer (Kid Congo), no hubo especial dificultad en ver lo que se quisiese.
El festival arrancó en la casi inédita Florida Park del parque del Retiro, sala de fiestas habitual para el público “crecidito” y prácticamente ajena al circuito de conciertos -su sonido y su escasa ventilación pueden explicar el por qué, al margen de su apropiado escenario-, mientras que Caracol presenció el domingo el punto y final, tras haber compartido protagonismo con el Círculo de Bellas Artes el resto de jornadas. Joy Eslava, Neu!Club, Nasti y Wurtlitzer Ballroom fueron las otras cuatro co-protagonistas el resto de días, formando un elenco apropiado al que en la próxima ocasión deberían sumarse un par de salas más (¿El Sol y La Boite? Por ubicación vendrían como anillo al dedo).
Pero centrémonos ya en la parte musical. De todo lo que vimos –lástima de máquinas de clonación ineficaces-, destacaríamos especialmente a Retribution Gospel Choir, So Cow, HEALTH, Kurt Vile y Beach House.
TRIUNFADORES
El proyecto paralelo a Low de Alan Sparhawk, Retribution Gospel Choir, opositó con todas las de la ley a la categoría de “concierto(s) del festival”, primero en el Círculo de Bellas Artes y al día siguiente clausurando el Primavera Club madrileño en Caracol. Intensidad y rock apabullante en su máxima expresión. Para recordar especialmente el momento en que a Sparhawk se le estropeó el cable de su guitarra, mientras que batería y bajo, lejos de detenerse, se marcaron una increíble jam a la que se incorporaría con furia el propio Sparhawk una vez solventado el problema. Si Low son delicadeza y recogimiento, Retribution Gospel Choir representan la cara más cruda y abrasiva, como si de su hermano duro se tratase.
De So Cow éramos muchos los que esperábamos grandes alegrías, y en ello confiábamos al sacrificar la actuación de A Place To Bury Strangers -cruel solape de dos bandas con única actuación en Madrid-. A tenor de lo visto, nada que lamentar: carisma escénica –impostada o no-, himnos apropiadísimos tanto para la sala (Wurlitzer Ballroom) como para el festival y esa sensación de “tengo ganas de repetir ya mismo” en cuanto acaba el concierto. Si ‘Casablanca’ no fue el mayor hit de estos cinco días de conciertos, desde luego que anduvo bastante cerca.
Lo de HEALTH, por su parte, no nos pilló por sorpresa a quienes ya los disfrutamos en el Primavera Sound 2008. Ya por aquel entonces firmaron una de las actuaciones más memorables del año, y esta vez no fueron menos. Ruido, actitud y fuegos de artificio –y no es algo precisamente malo, pese a quien pese- para un concierto tan visual como visceral. Si ya con un solo disco eran letales, al sumar a su repertorio un tema tan bestia como ‘Die Slow’ logran multiplicar su capacidad de impacto.
Por su parte, Beach House tampoco nos cogieron desprevenidos. Hace poco más de un año, en Moby Dick, ofrecieron un show de los que le hacen a uno contener la respiración y dejarse llevar de pleno. Probablemente sean la banda con mayor proyección de las que actuaron en el Primavera Club, algo que con su tercer e inminente disco, ‘Teen Dream’ (2010), es más que probable que confirmen.
En cambio, quien sí que nos sorprendió con todas las de la ley fue Kurt Vile acompañado por The Violators. Pantanoso, directo al estómago y haciendo crecer las canciones del no menos recomendable ‘Childish Prodigy’ (2009) hasta límites insospechados. Con tanto eco y un sonido maravillosamente sucio, parecía como si los acordes cobrasen vida propia y fuesen ellos quienes marcaban el paso de la banda. Mágico.
DECEPCIONES
En el lado opuesto al de los triunfadores, quedaron Devendra Banhart, Little Joy y Cass McCombs. El primero solo fue capaz de convencer a sus acérrimos, y puede que ni eso: el abandonar su vena hippie a favor de la psicodelia más pastosa e inofensiva no parece haberle hecho bien, carencias que se vieron acrecentadas por una banda correcta, pero incapaz de ir más allá.
Con Little Joy hubo división de opiniones: a los que no les enganchó su debut del año pasado, su propuesta les convenció con holgura, mientras que los que esperábamos sonidos más acústicos y tropicales nos dimos de bruces con The Strokes 2.0. Si Fabrizio Moretti suelta las baquetas para coger la guitarra y acaba haciendo el mismo tipo de música que con sus compañeros neoyorquinos, la verdad es que no tiene mucho sentido. Demasiado planos.
Por último, Cass McCombs también decepcionó ligeramente a quienes esperábamos mucho más, a tenor de lo atractivo de ‘Catacombs’ (2009). El concierto fue correcto y contó con el esperado y lógico highlight de ‘Dreams-Come-True-Girl’, pero pecó del mismo defecto que el disco: una vez pasan los dos primeros minutos de cada canción, lo que queda es una repetición un tanto tediosa. A los ajenos a su música les costó horrores entrar en el concierto. Igual si se acude únicamente a verle a él otro gallo cantaría.
Mención aparte merecen Cymbals Eat Guitars, uno de los hypes más claros salidos de las páginas de Pitchfork en los últimos años. Con un disco resultón pero que tampoco es gran cosa, en directo quieren darlo todo y acaban dando demasiado: poses extremas, gestos imposibles y épica exagerada de garrafón para una ejecución que acaba sepultada tras todos estos tics. Tocar tocan bien y sonar suenan bien –más o menos como unos Modest Mouse de segunda división-, pero tanto nervio escénico les pierde.
Y también en el apartado de “no lo lograron” deberían figurar The Pastels. Que sí, que ya sabemos que de su directo no se pueden esperar florituras y que siempre han mantenido una actitud ultra-amateur, pero eso no justifica la desgana con la que tocan ni asesinatos premeditados de canciones de matrícula de honor como ‘Nothing To Be Done’. Nos quedaremos con los discos, qué remedio.
GRUPOS ESTATALES
En el apartado nacional, tres fueron los nombres que merecieron todos los honores: Tarántula, Mujeres y Chiquita y Chatarra.
Lo de los primeros era de esperar; con ‘Humildad Trascendental’ (2009) bajo el brazo y el recuerdo de su celebradísima actuación del pasado junio en el Nasti, había motivos más que suficientes para acercarse a Caracol a las 20.00h. Si además contaron, de manera especial, con una inédita sección de viento, la elección fue más acertada si cabe. ‘Antisistema Solar’, ‘Gusano’ y, sobre todo, ‘Con Toda La Marcha’ fueron capaces de levantar al público sin apenas necesitar nada más. Lástima, eso sí, que apenas durase 40 minutos y que de ‘Esperando A Ramón’ (2006) solo recuperen ‘Empresarios y Secretas’.
El día anterior a Tarántula y a la misma hora en el mismo local (Caracol, viernes 20.00h), los barceloneses Mujeres dejaron bien claro que su propuesta es una de las más recomendables dentro de nuestras fronteras en la actualidad. Sí, irremediablemente le vienen a uno a la mente Black Lips, pero donde otros fracasarían y quedarían como meros imitadores Mujeres son capaces de trazar su propio discurso. Eso sí, se echa en falta un par de hits claros en su repertorio, que contribuyan a prender la mecha de forma definitiva. El tiempo está de su parte.
En cuanto a Chiquita y Chatarra, había ya ganas de ver a las asturianas tras el discazo que facturaron el año pasado. Lo malo es que, con un Wurlitzer a reventar a la espera de Kid Congo –la cola para entrar acabó llegando a la Gran Vía-, apenas se podía ver el escenario y disfrutar como es debido. Mucha actitud punk y, ante todo, canciones claramente incendiarias que cumplen con su cometido.
ZONA MEDIA
En la zona media nos encontramos con Ted Leo And The Pharmacists. La entrega de Leo y sus secuaces es casi tan descomunal como lo bien que tocan, pero si a uno no le va el power pop, nunca saldrá reconvertido en amante del género tras uno de sus conciertos. Por otra parte, el tocar a las 19.00h no favorece especialmente la entrega del público, que estuvo a años luz de lo que sucedía sobre el escenario.
Jeffrey Lewis, por su parte, es otro de los músicos al que todo asistente al Primavera Club debió ver al menos una vez. Tanto su carisma como las historias que cuenta entre canción y canción y -por supuesto- su música, merecen la pena con creces. No obstante, uno esperaba encontrarse casi casi con el concierto del festival y “sólo” se encontró con una actuación buena (y con versión del ‘Tom Courtenay’ de Yo La Tengo para rematar). Posiblemente fallo del evaluador, que no del evaluado.
Uno de los grupos más esperados de todo el cartel fueron A Place To Bury Strangers, que en el Primavera Sound 2008 lo bordaron y hace un año en Moby Dick defraudaron. Lo que plantean es de sobra conocido por todos: mucho pedal, mucha saturación, toneladas de humo y manual de instrucciones de cómo ser como The Jesus And Mary Chain y My Bloody Valentine. A veces les funciona a la perfección -‘Ego Death’- y a veces no –en cuanto pasa la primera media hora de actuación-, en lo que fue un concierto de más a menos. Tablas en el marcador.
La densidad “nickcaveiana” de The Black Heart Procession también contentó y dejó indiferente a partes iguales: buena interpretación y adecuada creación de atmósferas, pero tan pronto arrancaban volvían a frenar en seco. Eso sí, ‘Drugs’ fue para enmarcar, pese a la escasa asistencia en Joy Eslava.
Port O’Brien fueron otros de los grupos que repitieron tras su paso por el Primavera Sound 2008, y en ambas ciudades por partida doble. En Madrid, su concierto en el Círculo de Bellas Artes primero y en Caracol después dejó constancia de su enorme progresión respecto a su anterior visita –no en vano, parte de la banda ha cambiado-, pero ‘Woke Up Today’ sigue estando muy por encima del resto de su repertorio, sin nada que le haga compañía de igual a igual.
AUSENCIAS
Para terminar, tenemos que echar en falta necesariamente a Kid Congo, Scout Niblett y Neon Indian, tres actuaciones que nos hubiese encantado ver y que, por cuestiones de aforo y/o solapamientos, nos quedamos sin cubrir. A tenor de lo comentado por los que sí estuvieron, el tener que sacrificar otras actuaciones del festival para asegurarse el acceso a estas mereció la pena. La próxima ocasión será…
Por lo demás, y a modo de conclusión, solo cabe felicitarse por contar con un evento de estas características tanto en Madrid como Barcelona. Y si viene prácticamente de regalo con el abono para otro festival como el Primavera Sound, es lógico que su público responda como responde. Un triunfo merecido.
