La edición 2008 del FIB Heineken era especial ya desde antes de empezar, tanto por lo histórico de dos de sus principales reclamos (nada más y nada menos que Leonard Cohen y My Bloody Valentine, que estuvieron a la altura de lo esperado) como por ser la primera vez que coincidía frontalmente en fechas con Summercase, dando lugar a ríos de tinta sobre la perjudicial y omnipresente guerra de festivales.
En la organización, de nuevo un trabajo impecable en el que se hicieron valer los trece años de ediciones que Maraworld lleva ya a sus espaldas, y en lo musical, un gran bagaje que reafirma la apuesta por un cartel más exigente y menos dado a lo intrascendente, con todo tipo de propuestas encajando sin apenas chirriar, salvo contadas excepciones. Como puntos negativos, unos horarios que prácticamente dejaron fuera de juego a nombres tan esperados como Spiritualized (emparejados con My Bloody Valentine), Death Cab For Cutie (luchando inútilmente contra Leonard Cohen) o Richard Hawley (frente a la última oportunidad de ver en vivo a Enrique Morente junto a Lagartija Nick interprentando su eterno ‘Omega‘). Riesgos de contar con un gran cartel, pero también sensación de frustración por acabar dejando el Escenario Verde a medianías como The Kills o Heavy Trash, por ejemplo, o a Vive La Fête cerrándolo mientras Justice tocaban horas antes relegados a una carpa en coincidencia frontal con Morrissey.
Pero sin más preámbulos vamos con la crónica del festival, estructurada por calificaciones que van desde la matrícula de honor hasta el suspenso, como hacemos habitualmente. Y mientras, a esperar a la edición 2009.
MATRÍCULA DE HONOR
Leonard Cohen
En una gira por teatros y con conciertos de hasta tres horas, la idea de ver a una leyenda viva como Cohen a pleno sol y tan sólo durante una mísera hora podía saber a poco. Quizás sí, pero nadie se acordó de ello durante su actuación; todos estábamos demasiado ocupados intentando mantener la compostura ante tal despliegue de emoción y sinceridad.
Dejando aparte las motivaciones económicas que hayan podido propiciar el retorno del poeta a la carretera, fue imposible señalar ningún indicio de complacencia en su interpretación. Elegante, agradecido, entregado, con la voz intacta, tocando la guitarra en ‘Who By Fire’, filtreando con las coristas de la banda sin dejar de moverse de un lado a otro… un tour de force para el septuagenario canadiense superado con nota. Todos los adjetivos y piropos se quedan cortos ante un repertorio formado por ‘Hallelujah‘, ‘I’m Your Man‘, ‘Suzanne‘ (con medio escenario tragándose las lágrimas y la otra mitad sollozando desconsoladamente) o la inaugural ‘Dance Me To The End Of Love’. Cuando llegó la despedida vía ‘So Long, Marianne’ nadie lo dudaba, habíamos presenciado algo histórico que ya de por si valía el precio del abono.
Xavi Guasch
My Bloody Valentine
Con permiso del honorable Leonard Cohen, el retorno a los escenarios de la banda irlandesa 17 años después del seminal ‘Loveless’ (1991) era el evento más esperado del festival. ¿Conservarían el poder evocador de sus discos? ¿Eran ciertas las crónicas de ruido celestial de sus recientes conciertos post-reunión en Londres? ¿Hemos mitificado demasiado a Kevin Shields y compañía haciendo imposible un show a la altura de las expectativas? Sí, sí y un rotundo no.
Su debut en el festival fue tan apabullante que cualquier espectador decepcionado o bien solo los conocía de oídas (la inclusión de ‘Sometimes‘ -uno de los pocos clásicos ausente del setlist- en Lost In Translation puede tener parte de la culpa) o confunde calidad con espectacularidad gratuita. Definitivamente, no era el lugar para esperar interacción con el público ni explosiones de confetti como las de Mika. De lo que se trataba era de una banda estoica delante de sus micros y la mirada concentrada en la perfecta ejecución y sincronización de los múltiples pedales y efectos sonoros -de ahí el término shoegazer-, lo que contribuye a alimentar el halo de misterio alrededor del grupo a la vez que concentraba toda la atención en el aspecto sonoro.
Distorsiones constantes y calculadísimas, voces ensoñadoras perdidas entre capas y capas… una auténtica exhibición sónica que puso a los espectadores en estado de trance, completamente hipnotizados. Tampoco faltaron extensos rescates a temas de ‘Isn’t Anything’ (1988) y sus múltiples EPs. Resulta difícil destacar momentos concretos sin acabar recitando el setlist al completo, con mención especial al inicio con ‘Only Shallow’, la perturbadora ‘To Here Knows When’ o la desgarradora ‘Nothing Much To Lose’, todas ellas palideciendo ante la prolongada recreación de ‘You Made Me Realize’ con más de diez minutos de ruido ensordecedor en su parte final. Lo que sobre el papel podría parecer una boutade o un mero capricho acabó erigiéndose como “el momento” de todo el festival. La colisión entre melodía y el drone lleno de matices alcanzó aquí su punto álgido, demostrando a los incrédulos por qué My Bloody Valentine son los autores de una de las obras más importantes de la música contemporánea.
Xavi Guasch
SOBRESALIENTE
Gnarls Barkley
Si bien el monumental éxito del single ‘Crazy‘ les abrió las puertas del reconocimiento masivo (tanto dentro del ámbito indie como del mainstream), también podía actuar como arma de doble filo y relegarlos a la categoría de one hit wonder, eclipsando todos los logros posteriores. Por suerte, el dueto cuenta con una serie de ases en la manga más allá del mencionado pelotazo: un repertorio plagado de gemas del calibre de ‘Run (I’m A Natural Disaster)’, ‘Going On’ o ‘Smiley Faces’, un sonido inconfundible que bebe del soul más clásico de la Motown, pero añadiendo el toque tan moderno como marciano del omnipresente productor Danger Mouse (mezclando en un mismo tema ráfagas de hip-hop, easy-listening o incluso spaghetti-western), y un directo festivo y bailable arropado por una numerosa y sólida banda.
Pero por encima de todo hay que destacar la musculosa voz y la enorme (en todos los sentidos) presencia escénica del frontman Cee-Lo, un auténtico animal capaz de poner la piel de gallina a todo el público del Escenario Verde con la desgarradora ‘Who’s Gonna Save My Soul?’ para, acto seguido, hacer gala de sus cualidades de intérprete apropiándose de temas ajenos como ‘Reckoner‘ de Radiohead o el clásico de los Violent Femmes ‘Gone Daddy Gone’.
Xavi Guasch
The Raconteurs
Vinieron, tocaron, se divirtieron en el escenario y triunfaron. Este sería el resumen de la actuación en Benicàssim de este supergrupo formado por Brendan Benson (guitarra y voz), Jack White (guitarra, voz y teclados), Jack Lawrence (bajo) y Patrick Keeler, que desde Nashville trajeron uno de los conciertos más acojonantes de toda esta edición. A este bebé que nació de manera sorprendente hace un par de temporadas le han salido garras y dientes, y ataca a la mínima allá por donde pasa.
Al fin, visitaban por primera vez nuestro país y cumplieron su objetivo, porque más que un grupo necesitado de vender hits pueden permitirse lo que pocos: disfrutar de su trabajo (de hecho, esta fue la base de su creación). Acortando y dejando sin respiración los descansos entre tema y tema, descargaron todo su potencial con rock tabernero (‘Old Enough’), blues grasiento (‘Blue Veins’), baladas (‘You Don’t Understand Me’), versiones (una electrificante ‘Rick Kid Blues’) o hits (con una ‘Steady As She Goes’ de película). Incluso hubo tiempo para solos interminables e intensísimos, como el del final de la envenenada ‘Many Shades Of Black’, para deleite de un abarrotado escenario principal. Arrasaron con todo.
Javier Heras
Hot Chip
Una de las mejores corrientes que han ocurrido dentro del indie contemporáneo ha sido el resurgir de la electrónica con toques pop, fusionando el hedonismo epidérmico con la búsqueda de la melodía perfecta. Hot Chip aspira al trono de este peculiar género bastardo, y actuaciones como la del FIB no hacen más que acercarlos a la corona. La casi triple competencia horaria de Spiritualized, New York Dolls y My Bloody Valentine no fueron inconveniente para rebosar la carpa Fiberfib y parte de su entorno.
A partir de aquí los londinenses no pararon la máquina en ningún momento. ‘Ready For The Floor’, ‘Boy From School’, ‘Not Fit State’ y sobretodo su primer gran éxito ‘Over And Over’ conquistaron a un público desbocado y sudoroso. Entre descarga y descarga se permitieron pequeños guiños a los baladones ochenteros con ‘Privacy Of Our Love’ o incluso un ‘Nothing Compares 2 U’ desprovisto de toda ironía pero que conservó toda su efectividad. Una apuesta valiente y triunfante que nos hace querer aún más a nuestros geeks favoritos.
Xavi Guasch
Roísín Murphy
Lo de Roísín Murphy es uno de los grandes misterios de la música actual. El hecho de que no esté copando las listas de ventas de medio mundo y que su popularidad esté relegada al limitado ámbito del indie resulta incomprensible. Con Madonna y Kylie Minogue viviendo de las rentas, la ex-Moloko lo tiene todo para triunfar: un sonido vanguardista a la par que accesible, diversos rompepistas de lo más bailable, una imagen cool y carismática, la bendición de la crítica… ¿Quizás lo que le falla es el directo? En absoluto, pues sin tener que recurrir a toda la parafernalia escénica de las divas mencionadas, Murphy es capaz de poner patas arriba hasta al personal de seguridad.
Hit tras hit se sucedieron ‘Overpowered‘, ‘Sow Into You‘ o la superdisco ‘Ramalama‘. Un nivel de intensidad y desenfreno comparable al de figuras como !!!, todo por obra y gracia de una privilegiada voz que aunó con eficacia potencia y sutileza. Y aun hay más, coreografías imposibles, cambios de vestuario divertidísimos, coristas reconvertidas a actrices secundarias robaescenas… Disfrutemos mientras podamos antes de que toque verla en fríos pabellones y suene en todas las radiofórmulas del país.
Xavi Guasch
Battles
Los americanos Battles no deben salir de su asombro cada vez que les toca fecha española, algo parece estar del revés. Mientras su propuesta cerebral y vanguardista bebiendo del prog y del math-rock suele atraer a un público sesudo que los contempla estoicamente como si de una clase magistral se tratase, aquí estamos a punto de proclamarles los reyes del hedonismo y el desenfreno rave. Primero lo demostraron en el Primavera Sound ’07 y esta vez lo corroboraron en una desbordada carpa Fib Club.
Ritmos marciales, voces de pitufo, reivindicación del espíritu nerd, progresiones algorítmicas, guiños al kraut… Todos ellos elementos poco comunes dentro de una escena de baile indie que apuesta cada día más por propuestas regurgitadas y desprovistas de todo riesgo. Que piezas tan incómodas y distantes a primera escucha como ‘Atlas‘ o ‘Tonto‘ se conviertan en pelotazos sólo nos puede llevar al optimismo. Larga vida a Battles.
Xavi Guasch
My Morning Jacket
De las oportunidades que ha tenido el público español de poder ver los impresionantes directos que relatan las crónicas, la de Benicàssim ha sido una de las mejores. Explorando sonidos imposibles de imaginar entre los más fieles de la banda, dedicaron prácticamente los 60 minutos de actuación a repasar sus dos últimos trabajos, dejando el concurrido Escenario Verde envuelto en una nebulosa que por momentos parecía ir creciendo cuando sonaban temas como ‘Gideon‘ -en la que la consabida épica del grupo norteamericano hacia acto de presencia-, u otros más calidos en los que la niebla desaparecía como fue el caso de ‘Off The Record‘, mezclados con otros cercanos a la pista de baile (‘Highly Suspicious‘) en los que por momentos se nos venía a la mente incluso la figura del mismísimo Prince.
Jim James, envuelto en una capa cuando desempeñaba el papel de frontman y despojándose de ella para dejarse la piel agarrando su guitarra, brilló especialmente en una increíble y apropiadísima ‘One Big Holiday’ en el tramo final, con la que el respetable se deshizo en saltos, gritos y bailes a lo air guitar. Inmensos.
Javier Heras
Morente ‘Omega’ y Lagartija Nick
Tras protagonizar dos de los momentos más impactantes del año en el Primavera Sound y en el Día de la Música 2008, disponíamos de una última oportunidad para saborear el clásico ‘Omega’ (1996) de Enrique Morente y Lagartija Nick. La propuesta escénica fue más cercana a la actuación del 21 de junio en Madrid, centrándose principalmente en la vertiente puramente flamenca del cantaor granadino. Bailaores, palmeros y cantaores llenaron el escenario para ofrecer una actuación en un principio un tanto bizarra por el lugar, -¿quién habría apostado por ello en los inicios del festival?- pero que tuvo ante sí a una buena legión de curiosos (y muchos de ellos ingleses, ojo) que acabaron finalmente rendidos a sus pies.
Con el merecido respeto que ello conlleva tras la histórica actuación de Cohen poco antes, en cuanto el flamenco dejó paso tras 40 minutos a los primeros acordes de ‘Omega‘ junto a Lagartija Nick, volvió a producirse la magia que sólo los grandes saben alcanzar. Volver a escuchar ‘Aleluya’ o ‘Manhattan‘ (con su hija Estrella Morente como invitada) o ‘Pequeño Vals Vienés’ -ausente minutos antes del repertorio del propio Cohen- no tuvo precio. Las caras de asombro de la mayoría de los asistentes que en las jornadas previas habían vibrado con Babyshambles, Sigur Rós, The Raconteurs o Hot Chip lo decían todo: el arte no entiende de etiquetas.
Javier Heras
NOTABLE
Fujiya & Miyagi
Con nuevo disco a punto de salir del horno (‘Lightbulbs’, 2008), estos británicos amantes del krautrock se enfrentaron a unas condiciones un tanto adversas (un horario demasiado tempranero sumado a las coincidencias horarias con propuestas similares -El Guincho y Hot Chip-) de la mejor forma posible, una hora sin tregua y directa al grano. Como si de unos Tortoise fusionados con LCD Soundsystem se tratase, los ritmos marciales y los sintetizadores no-wave pusieron la carpa Fiberfib patas arriba.
Con ‘Collarbone’, ‘Sucker Punch’ y otros temas de ‘Transparent Things’ (2006) celebrados como clásicos, la banda de Brighton aprovechó para estrenar algunas canciones que si bien tienen un carácter continuista y conservan el groove, a su vez inciden en una vena más popera y accesible. Eso sí, difícil lo tendrán para conseguir otro rompepistas como ‘Ankle Injuries’, diez minutos de mantra sónico con la leyenda Fujiya & Miyagi repitiéndose en forma de loop. Uno de los momentos del festival.
Xavi Guasch
Sigur Rós
El controvertido giro lúdico y festivo de los islandeses en su nuevo LP ‘Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust’ (2008) pasó un poco de puntillas en su concierto del jueves en el Escenario Verde. Más bien nos ofrecieron un repaso prácticamente cronológico de los puntos álgidos de su trayectoria, desde ‘Svefn-G-Englar’ a ‘Popplagid‘. Como siempre una ejecución impecable, progresiones melódicas preciosistas y un sentido de la épica que bordeó con astucia la grandilocuencia y la pomposidad, aspecto reforzado por una cuidadísima puesta en escena dominada por esferas blancas, barroca vestimenta y cegadores juegos de luces.
Las recientes ‘Inní Mér Syngur Vitleysingur‘, ‘Gobbledigook‘ (que les acerca a Animal Collective con ese espíritu campestre), o la apropiada ‘Festival‘ sonaron a la altura de sus clásicos, cerrando con broche de oro una actuación solo ensombrecida por el excesivo entusiasmo de cierto sector del público coreando las letras en un idioma inventado como si del ‘Fuck Forever’ de Babyshambles se tratase.
Xavi Guasch
Black Lips
Cualquiera que haya presenciado el contraste entre las dos actuaciones de Black Lips en Barcelona (Primavera Sound ’07 y La [2] el pasado abril), puede afirmar con contundencia que los de Atlanta son el paradigma de banda de sala. Mientras que en el Fòrum sonaron dispersos y faltos de intensidad, la sala pequeña del Apolo vivió uno de los torrentes más memorables de energía y testosterona (incluso una cierta sensación de peligro y caos tan difícil de ver en estos tiempos de rock neutro y homogeneizado) de su corta historia. Después de su show en Benicassim, hay que revisar dicha postura.
Quizás han sido las tablas ganadas durante los últimos meses o un público entregadísimo (y lleno de entusiasmo debido a la tardía hora y a la placidez de las propuestas anteriores) lo que propició que pildorazos garajeros del calibre de ‘Not a Problem’, ‘Stranger’ o la coreadísima ‘Bad Kids‘ sonasen de lujo, o lo que es lo mismo: sucios, destartalados y llenos de urgencia. Y por si fuese poco, la eufórica ‘O Katrina!’ se convirtió en el himno de la noche siendo coreada hasta el amanecer de forma espontanea por grupúsculos de ingleses rebosando efervescencia etílica.
Xavi Guasch
Mika
Tiempo hubo desde el intimismo de canciones como ‘Any Other World’ -en la que Mika se enfrentaba en solitario al piano-, hasta la fiesta desenfadada de las archiconocidas ‘Love Today’ o ‘Grace Kelly’ e incluso para versiones con las que revolucionó el escenario, caso del ‘Just Cant Get Enough’ de Depeche Mode. ‘Lolypop‘ puso el broche de oro llenando todo de confetti y serpentinas al más puro estilo Flaming Lips, elevando a la máxima potencia el concepto lúdico-circense. Y que nos quiten lo bailao…
Javier Heras
El Columpio Asesino
Uno de los primeros grupos nacionales en romper totalmente el hielo del escenario Vodafone Fib Club. Tras varios años pasando por el festival, esta vez nos presentaban su recién estrenado álbum ‘La Gallina’ (2008) en un concierto totalmente cargado de intensidad. Entrelazaron a la perfección temas de todos sus trabajos sin centrarse necesariamente en el último, logrando cear una atmósfera cercana a la locura (‘Castigadora‘), la ansiedad (‘El Destacamento’) y la apoteosis (‘Floto‘ o ‘Lucas 44-48‘). Quizás el mayor pero fue la corta afluencia de público en esta ocasión (tan solo medio aforo), pero aún así supieron marcar la diferencia.
Javier Heras
The Rumble Strips
Precisamente una de las pocas bandas debutantes británicas que merecería el hype de los tabloides parece haber pasado desapercibida entre tanta marabunta de adjetivos superlativos. Quizás se debe a que, en vez de caligrafiar el post-punk o seguir la senda de The Libertines, como hace la inmensa mayoría de nuevas bandas británicas, estos se miran en el espejo de Dexy’s Midnight Runners, el rock-steady y el soul más urgente. Y casi mejor así: Charlie Waller y compañía funcionan mejor en las distancias cortas (siendo aquí lo más parecido la carpa Fiberfib).
Desgranando casi al completo su debut ‘Girls And Weather (2007)’, no faltaron joyas como ‘Time’, ‘Alarm Clock’ o ‘Girls And Boys In Love’ -difícil encontrar una mejor forma de cerrar el show-, a las que se sumaron algunas caras-b y un pequeño adelanto de su próximo disco (producido por el hombre de moda, Mark Ronson). 60 minutos de diversión, euforia, trompetas y estribillos más grandes que la vida.
Xavi Guasch
The Brian Jonestown Massacre
Cierta incertidumbre rodeaba la actuación del combo de San Francisco. No ya por su fama de directos caóticos, dispersos y propensos al desastre como apuntaba el célebre documental ‘DiG!’, pues ya demostraron previamente en sendas visitas a Barcelona que su puesta en escena es de lo más sólida. Las dudas provenían de dos frentes: el hecho de tocar en el Escenario Verde (sólo unos pocos asistentes se mostraban familiares con el repertorio) y ser un grupo acostumbrado a actuaciones de dos horas largas con jams y solos lisérgicos alargados ad eternum.
Anton Newcombe diseñó la actuación a conciencia, esforzándose todo lo humanamente posible en ofrecer un show de lo más festivalero. Actitud stoniana, riffs setenteros, psicodelia, garage lo-fi y space-rock mezclados sin caer en el revivalismo rancio. Quizás faltó algo de nervio -achacable en gran medida a la pasividad del público- pero las buenas intenciones del polémico líder, junto con el toque verbenero del pandereta (y émulo de Bez) Joel Gion, alegraron la velada a más de uno con el cántico futbolero ‘Let’s Go Fucking Mental’.
Xavi Guasch
The National
Había ganas, y muchas, de ver a uno de los grupos más solicitados previamente del cartel. Los neoyorquinos The National cerraban su gira europea en el festival castellonense con una formación que incluía una sección de viento, gracias a la cual sus temas cobraron aún más fuerza en directo. El repertorio se decantó por su vertiente más eléctrica y contundente, abandonando en parte sus atormentadas baladas. Desde el comienzo con ‘Star A War’ , el público parecía enloquecer a cada nota del grupo liderado por Matt Berninger, abrazado al micro mientras vivía al máximo cada una de sus canciones. Exprimieron al máximo su aclamado ‘Boxer’ (2007), haciéndonos vibrar con algunos de sus mejores singles como ‘Squalor Victoria’ o ‘Mistaken For Strangers’ y sin olvidarse de la desgarradora ‘Slow Show’.
Pese a ello, el momento más impresionante vino de la mano de ‘Fake Empire’, en la que la sección de viento sonó potente y que bajo las tables hizo enloquecer a un público que ya llevaba tiempo en su bolsillo. La rotundidad de ‘Mr. November’ puso fin a un concierto en el que el grupo quiso agradecer a sus técnicos y al road manager el haber hecho posible tanto la totalidad de la gira como esta última actuación. Y nosotros también se lo agradecemos.
Javier Heras
Eef Barzelay
Un vistazo rápido al gentío congregado minutos antes de que el ex-Clem Snide empezase su actuación era suficiente para constatar que la mayoría de los asistentes o bien sólo lo conocían de oídas o estaban allí para matar el tiempo antes de marcharse a otro escenario. Contra todo pronóstico, tal panorama no hizo más que motivar a Barzelay, decidido a convencer al espectador casual. Un inicio demoledor con algunos de sus temas más contundentes como ‘Could Be Worse’ y ‘The Girls Don’t Care’ dieron paso a un show lleno de músculo, tripas y urgencia que transformaron la calidez country-folk de sus dos discos en himnos desesperados anhelando la redención. Desde Micah P. Hinson no presenciábamos a un cantautor roots desnudando sus miserias y demonios de una forma tan descarnada. Sorpresa mayúscula.
Xavi Guasch
El Guincho
Sin duda, 2008 está siendo el año de El Guincho. Omnipresencia en salas y festivales patrios y amor incondicional por parte de la blogosfera de medio mundo han sido las constantes desde que ‘Alegranza” (2007) se editase casi de tapadillo en el modesto sello Discoteca Océano. Un sonido inconfundible que bebe del tropicalismo y que, con la percusión y los samples como ingredientes principales, ha convertido su explosivo directo en su mejor baza.
Tal ritmo de actuaciones y sobreexposición en los medios ha provocado que Pablo Díaz-Reixa eche el freno y replantee su propuesta (¿utilizará banda de acompañamiento a partir de ahora?), cosa que añadía un aroma de despedida a la noche, aderezada esta vez con el apoyo de unas acertadísimas proyecciones. ‘Antillas‘, ‘Palmitos Park‘ o ‘Costa Paraíso’ se enlazaron unas a otras como si de una sesión de DJ se tratase. Al más puro estilo chamán, el canario hipnotizo a todos sus seguidores a base de beats y cantos ancestrales, dejando a la audiencia sin otra opción que la de bailar sin respiro de forma frenética mientras se coreaba con euforia el “Alala-Alala” de la gran ‘Kalise‘. Believe the hype!
Xavi Guasch
New York Dolls
Tras su resurgir hace cuatro años gracias a Morrissey (ex-presidente de su club de fans), hemos podido ver a estos dinosaurios del rock and roll más garagero en un buen puñado de ocasiones por la Península, para acabar justo en el sitio en que menos se les esperaba: el Escenario Verde. Con un buen numero de temazos (casi tantos como arrugas lucen sus componentes) callaron las bocas más criticas -o mejor, lloronas- de parte del público Fiber y contentaron a las que pedían más guitarras en el Verde. Durante toda la clase de rock que nos brindó el grupo americano menos elogiado de los Setenta, dio tiempo a bailar, gritar y corear auténticos himnos como la creciente ‘We’re All In Love’ o el guiño a su buena amiga Janis Joplin con una certera versión de su mítico ‘Another Piece Of My Heart’. El final, marcado por ‘Personality Crisis’, fue el acabose de una de las mayores lecciones de rock del festival, dejando claro que para esto no hay límite de edad.
Javier Heras
Justice
Aun no se sabe bien si fue acierto o un fallo el situar a Justice en el Escenario Electrónico en lugar de permitirles cerrar el festival desde el Escenario Verde. De hecho, la coincidencia con Morrissey podría haber vaciado en parte el escenario electrónico, pero nada más lejos de la realidad. El dúo francés regresaba a Benicàssim, esta vez en formato live, para seguir sumando fieles a su causa ante un recinto cargado de cruces, su seña de identidad, e incluso había una entre el publico improvisada con vasos de plastico.
Arranques electricos, subidas y paradas de BPM, clases de cómo desmontar un tema y volverlo a poner en funcionamiento, eternas intros mareantes como la de su tema más pop ‘D.A.N.C.E.’ o la locura provocada por un pequeño snippet del ‘Atlantis To Interzone’ de Klaxons a mitad de su célebre -y machacadísimo- ‘We Are Your Friends’ supieron validar con creces su discurso.
Javier Heras
BIEN
Morrissey
Con la camisa abierta y la banda completa con el torso desnudo se presentó Morrissey en el Escenario Verde, dos años después de su anterior visita y cuatro desde la famosa espantada del X Aniversario del FIB. En menos de diez minutos ya había encadenado tres hitazos, cada uno representando las múltiples caras de su trayectoria: ‘The Last Of The Famous International Playboys’ -uno de sus mayores éxitos en solitario-, ‘Ask‘ -clásico de The Smiths- y ‘First Of The Gang To Die’, sin duda el mejor tema de su etapa más reciente.
Después de tan electrizante comienzo, el resto fue un festín para los fans y un concierto correcto para el resto. Una secuenciación de canciones algo irregular con abundancia de caras-b y piezas menores junto con unos músicos anodinos y planos (quizás a expreso deseo del mancuniano para concentrar todas las miradas en sí mismo). Si a esto le sumamos el habitual bagaje que comporta el show de Moz (interminables -y a veces cansinos- monólogos lleno de autoindulgencia sobre la venta de carne en el festival o de su condición homosexual y una teatralidad y dramatismo tan extremo como risible), nos queda un amargo sabor de boca solo aliviado por puntuales píldoras del calibre de ‘Irish Blood, English Heart’ o los siempre socorridos rescates de temas como ‘How Soon Is Now’ o ‘Vicar In A Tutu’.
Xavi Guasch
South San Gabriel
La caída de los canadienses The New Pornographers a pocos dias del comienzo del festival dio entrada a uno de los múltiples proyectos de Will Johnson. South San Gabriel traían bajo el brazo uno de los discos más preciosistas de esta temporada, un trabajo hecho para disfrutar prácticamente en soledad, y en eso pareció quedarse el escenario Fiberfib. Tan solo un puñado de gente se acerco a saborear uno de los conciertos más intimistas de todo el festival, demostrando como se puede detener el tiempo durante una hora envolviendo al selecto público que se acercó a contemplar la sutileza del grupo de Texas. Muchos pensaran que un grupo tan tranquilo no puede encajar en un festival cuya bandera -a priori- es la fiesta, pero por fortuna su country-folk encontró su lugar mientras los últimos rayos de sol se escondían tras las rojizas montañas del recinto de Beniccassim.
Babyshambles
Odiados por muchos, criticados por otros tantos y adorados por todo el público inglés que se acercó al Escenario Verde. Con Pete Doherty (¿sobrio?) a la cabeza con su característico sombrero, Babyshambles salieron a comerse el escenario tras su anterior aparición en la edición de 2006. La polémica estaba servida tras las palabras de su batería (totalmente en castellano) de que no se iban a quedar de brazos cruzados ante la petición de trabajo por parte de alguien en el backstage; habían venido a montarla. Y algo así fue, aunque por momentos resultaba un quiero y no puedo y otras un intento de grandeza al concentrarse en los bien recibidos hits de ‘Shotter’s Nation’ (2007) y el delirio por parte de un sucio ‘Fuck Forever’, en el que Doherty pareció olvidar parte de la letra. Eso sí, dio tiempo a que buena parte de la cerveza servida volara por encima de unas cuantas cabezas para ir a parar encima de otras tantas, deporte nacional del festivalero británico.
Javier Heras
Jose Gonzalez
La (sobre)abundancia de festivales patrios ha provocado dudas y recelos en las mentes de numerosos aficionados a la música en directo, criticando las a veces adversas condiciones que tiene que soportar el sufrido espectador. Si bien en algunos casos su postura es discutible, en lo que respecta a Jose Gonzalez hay que darles la razón. La elegancia y la delicadeza de sus arreglos no están hechos para una carpa asfixiante a media tarde y con la mitad del público de paso. La desnudez y la fragilidad de su puesta en escena (el propio Gonzalez a la guitarra clásica y el acompañamiento puntual de dos percusionistas) pide a gritos una audiencia atenta (y a ser posible sentada en las butacas de un teatro). Dicho esto, tales apuros no fueron obstáculo para que el sueco nos deleitase con los susurros de ‘Stay In The Shade’, el mantra plácido de ‘In Our Nature’ o la popular deconstrucción del éxito de Massive Attack ‘Teardrop‘.
Xavi Guasch
Bracken
Javier Heras
Heavy Trash
Pocos retrasos hemos sufrido en esta edición del FIB Heineken. Uno de ellos, por no decir el único, que rompió un poco al esquema cuadrado por los fibers en un festival cargado de coincidencias sangrantes, fue el del proyecto paralelo de Jon Spencer. Pese a la demora de unos 30 minutos, la banda salió a escena cargada de pólvora como en las películas del viejo oeste americano, y con una oscuridad y marcha como pocas. Rockabilly de taberna puro y duro sin presentación alguna, con un toque de un country rock garagero recién salido de la cocina de un bar de la Ruta 66. Por momentos podríamos habernos imaginado una salida a dúo de entre las primeras filas al finalizar el concierto de Elvis o Johnny Cash, disfrutando como pocos de uno de los conciertos más curiosos e inusuales del fib.
Javier Heras
SUFICIENTE
Nada Surf
Encargados de dar el pistoletazo de salida al festival (al menos en lo que se refiere a actos internacionales), el trío power-popero encaró su setlist pensando más en el fan que en el espectador casual. Una decisión un tanto arriesgada que se tradujo en la indiferencia del respetable más allá de la décima fila. Todo el peso cayó en el notable ‘Lucky’ (2008), quinto disco de estudio en poco más de una década de carrera. Medios tiempos como ‘I’d Like What You Say’ o la melancólica ‘Weightless‘ fueron una constante en un repertorio reposado y sereno, como si de unos Teenage Fanclub resacosos se tratase. Las pocas concesiones a la electricidad y al aumento de decibelios fueron las de la pegadiza ‘Beautiful Heart’ y ‘Blankest Year’, siempre efectiva. Profesionales pero desubicados.
Xavi Guasch
The Ting Tings
Pese a lo tempranero de su actuación, el público llenaba la carpa de forma masiva minutos antes de su comienzo. Y es que uno de los mayores atractivos a nivel hype del festival era este dúo británico que ,con su álbum de debut ‘We Started Nothing’ (2008), han conseguido colar unos pocos singles en lo más alto de las listas. Sobre su directo, al principio despiertan la curiosidad y las ganas de botar como un descosido, pero poco a poco va decayendo cual globo pinchado en forma de “curva-va, curva-viene”; pese a todo, tuvieron sus momentos. Habrá que seguirles la pista para ver si evolucionan hacia el lado correcto o se hunden en la intrascendencia y la irregularidad.
Javier Heras
Siouxsie
Quizás por ir justo detrás de Morrissey o por estar todavía flotando en el ambiente lo ofrecido por Cohen y más tarde por Enrique Morente, Siouxsie, una de las musas del punk, tuvo que bailar con la más fea ante un Escenario Verde más vacío de lo esperado, hasta el punto de que la propia Siouxie tuvo que pedir que la gente se acercara a las primeras filas para poder sentir el calor del público -algunos entregados, otros charlando y otros desfilando hacia las carpas-. Al margen de todo ello, poco a poco fueron cayendo los temas más eficaces de su último trabajo, ‘Mantaray’ (2007), intercalados con otros de su época con los Banshees, caso de ‘Hong Kong Garden’. Fue bromista en todo momento, agradecida llamándonos guapos y guapas y muy segura de sí misma, pese a realizar un set que no será recordado por muchos y que probablemente será olvidado por casi todos.
Javier Heras
SUSPENSO
The Kills
Aunque su set rozó la hora, al cabo de diez minutos The Kills ya habían agotado todas sus armas, convirtiendo el resto de la actuación en una larga y plomiza coda. Si bien en disco su propuesta puede parecer resultona, en directo todas sus costuras quedan en evidencia. Sin otro apoyo que una caja de ritmos supliendo la batería, el dúo se enfrenta cara a cara a la escasez de hits en un repertorio plano donde apenas destacan ‘U.R.A. Fever’ o ‘Kissy Kissy’, ante un público paulatinamente más frio a medida de que pasaban los minutos. Ni Alison Mosshart tiene el carisma de Karen O de los Yeah Yeah Yeahs o la sexualidad de PJ Harvey por mucho que lo intente, ni los jueguecitos con el guitarra y co-líder Jamie Hince logran transmitir la más mínima chispa o atisbo de tensión y peligro. Inofensivos y con olor a pólvora mojada (aspecto multiplicado al tocar en el enorme Escenario Verde), necesitan urgentemente dar un giro a su carrera si no quieren acabar sepultados como otro next big thing venido a menos.
Xavi Guasch
Tricky
Lo de este personaje es curioso, siendo capaz tanto de crear oscuridad en un día de luz que de despertar bostezos en una fiesta pagana. Igual que sucede con su carrera, con grandes saltos y grandes descalabros, la actuación fue algo parecida a una montaña rusa para menores, que intenta subir pero no llega a alvanzar la altura necesaria para lograr la emoción, salvo por momentos en los que sus raíces más cercanas al trip-hop, entrelazadas con toques de drum&bass, dejaban entrever un atisbo de esperanza hacia algo que a la postre nunca llegaría. Lo más reseñable de su actuación quizás fue su banda de acompañamiento, brillante en todo momento, o la versión de Public Enemy que dejó caer, plenamente vigente. Poco más que añadir para alguien a quien posiblemente le hubiese ido mejor siendo vocalista invitado de los discos de Massive Attack.
Javier Heras
Single
Las reconocidas resistencias de Ibón Errazkin (voz y cabeza pensante de Single) al directo se tradujeron en una cierta sensación de titubeo y de falta de ritmo, pequeños defectos que acabaron sumando puntos al encantador toque amateur y do-it-yourself de la banda. El problema fue otro -tocar a primera hora del jueves con medio FIB aun instalando su tienda de campaña-, lo que impidió alcanzar la calidez y la cercanía que composiciones como ‘Pío Pío’ o ‘Té Chino’ piden a gritos. Apenas un puñado de fans nacionales entre varias docenas de guiris despistados impidieron al pop (aquí en una versión mucho más bailable) azucarado y saltarín de la ex-Le Mans despegar como es debido. No fue su culpa.
Xavi Guasch
