Pogos, body-surfing, charcos de cerveza entre las primeras filas, un público entregadísimo y rock, mucho rock, definen el paso de Black Lips por la casi llena Sala Caracol de Madrid
Lo de este cuarteto de Atlanta, en el que todos cantan a la vez como si de amigos saliendo de un bar de madrugada se tratase, dista mucho de la mera pose con la que otros coetáneos impregnan sus conciertos; aquí hay autenticidad, y aunque atrás han quedado los tiempos en los que sobre el escenario rayaban la locura y lo impredecible, su estilo garajero no tiene trampa ni cartón: sonido sucio, música acelerada y, sobre todo, actitud por encima del cuidado por los detalles. Pedirles lo contrario sería una estupidez.
Black Lips en concierto son para meterse de lleno en el show -a ser posible tras un buen pre-calentamiento en la barra-, berrear como un poseso, botar y no preocuparse por nada más que por recibir cada hitazo con el máximo de energía posible. El sonido y la ejecución no importan -y ojo, que no fueron precisamente malos, aunque no óptimos-. El arrollador inicio de la actuación cumplió con estos preceptos a la perfección, calcando el comienzo de su último trabajo ‘Good Bad Not Evil’ (2007) con ‘I Saw A Ghost (Lean)’ y una ‘Oh Katrina’ desbordante celebrada por todo lo alto tanto por público como por banda. Con el ambiente caldeado y en su punto álgido, ‘Boomerang’ alcanzó cotas de intensidad y diversión a las que pocos llegan, transportándonos al universo que inmortalizaron en su álbum en directo ‘Los Valientes del Mundo Nuevo’ (2007), grabado durante una ya mítica actuación en Tijuana.
Precisamente, cayeron en Madrid la práctica totalidad de los cortes elegidos para dicha ocasión, con unas ‘Sea Of Blasphemy’ y ‘Buried Alive’ brutales, temas como ‘Stranger’ que dejan en evidencia a chorradas como The Hives, descargas de adrenalina a pleno pulmón como ‘M.I.A.’ (impagable su intro con todo el mundo gritando a los cuatro vientos tras cada guitarrazo inicial) y ‘Juvenile’ o la esperadísima ‘Not A Problem’, probablemente su mejor canción.
También hubo tiempo para enfrían el concierto a base de fraternidad ebria (encandenando las ya emparentadas de por sí ‘Dirty Hands’ y ‘Bad Kids’ tras la descarga de electricidad del comienzo), recurrir a la psicodelia (‘Hippie Hippie Hoorah’ o ‘Everybody´s Doint It’) o recibir con resignación y sin inmutarse dos lanzamientos de cerveza procedentes del público -algo que les hizo desacelerar, intencionadamente o no, el ritmo de la actuación, por desgracia para los que querían más acción y fortuna para los que no podían ya con su cuerpo-.
En resumen, un setlist algo desequilibrado en el que descargaron sus mayores bazas en la primera mitad y en la segunda levantaron el pie del acelerador, pero que en hora y cuarto supo cumplir con las expectativas. Black Lips supieron demostrar de nuevo que, más que recomendables, son imprescindibles.
Puntuación: 9,5
